José Bedia
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La Habana, Cuba,
1959 |
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Todos somos viajeros, la vida humana no es otra cosa que un viaje. Las figuras transeúntes, siempre en movimiento, los barcos y los aviones que nos llevan, e incluso la casa que la figura protectora transporta a hombros velando por el pequeño nadador que se desplaza hacia su destino a través del mar, que a modo de variaciones seriales articulan la coherencia de la muestra, son indicios desvelados de esa voluntad de ir más al fondo de las cosas, de persistir en nuestro viaje hasta el límite último de la experiencia. José Jiménez |
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